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Amalia Rosado Orquín. “Virtudes Cuevas”. Una superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück

Libro: “Virtudes Cuevas”. Una superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück

Autor: Amalia Rosado Orquín

Editorial: Universidad Jaume I

Año 2018

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El libro es una biografía sobre una mujer admirable. Su autora la dedica a todas las valientes mujeres olvidadas y heridas, que eligieron el bando de  la igualdad y la justicia.

Es fruto de un trabajo de investigación de la autora y un equipo de la Cátedra Interuniversitaria de Memoria Democrática de la Comunidad Valenciana.

Desde ese departamento de la Universidad Jaume I se ha seguido la trayectoria de la protagonista partiendo de la visita de la autora a Paris en 2005 buscando en los lugares donde quedó la huella de Madame Carmen, nombre en la clandestinidad de la maestra de Sueca, Virtudes Cuevas.

El periplo de Amalia Rosado comienza en Ivry-Sur-Seine, a las afueras de Paris, a donde residía en aquel momento la protagonista.

Su documentación previa para llegar a coronar ese encuentro fue facilitada por la familia de Geneviève, alias Gallia, denominación en la resistencia francesa que adoptó cuando la guerra la sobrina del General De Gaulle. Ambas pertenecieron al círculo más próximo en lo familiar al viejo general, y en aquellos años de zozobra ambas compartieron éxitos y sinsabores.

Francois Anthonioz, hijo menor de Geneviève, facilitó a la autora datos y documentos con que allanar la biografía, a ello hay que sumar las aportaciones encontradas en la fundación ADIR, Asociación de mujeres que pasaron un tiempo en el campo de concentración de Ravensbrúck, de la que Virtudes Cuevas Escrivá fue abanderada, por tanto, figura destacada.

A la muerte de la sobrina del general, ésta encomendó a sus hijos el cuidado y la consideración de éstos en visitar y atender a Madame Carmen. Siempre les unió una gran amistad que perduró en el tiempo.

Virtudes Cuevas utilizó otras identidades como Madame Vidal y Bernadette, cosa frecuente en aquel momento. Pocos en Francia conocieron su identidad real.

Virtudes Cuevas nace en Sueca (Valencia) en 1913, en una familia humilde de extracción rural y a pesar del origen modesto la familia tiene interés que estudie dadas sus buenas facultades. Sueca es un municipio al final de la dictadura de 1923 y la República un pueblo dedicado al cultivo del arroz y las naranjas. Asiste en los estudios en el Colegio Politécnico dirigido por el profesor Rafael Lapesa (padre del luego lingüista reconocido del mismo nombre) que orientó a la alumna a hacer una carrera, no la que ella pretendía por ser, de larga duración y de difícil empeño, por lo que el director la orientó a ella y a la familia a que estudiara para maestra.

El colegio a donde asistió era una institución laica inspirada sus enseñanzas en la ILE. Pasado el tiempo se convirtió en una maestra de la República, lo que le valió un indudable reconocimiento social. Llegado el golpe militar contra la legalidad democrática, Virtudes, ya se encuentra en Madrid colaborando con las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas).

Reclutada como miliciana durante un tiempo, recibe instrucción, y participa en el frente de Guadarrama, pero el decreto publicado por el Gobierno republicano en Octubre de 1936 determina apartar a las mujeres del frente, lo que le llevó a ocuparse en otro destino. Así llegó a atender como maestra a los niños de la casa cuna del Quinto Regimiento. Enrique Lister que la conoce la cita en sus memorias.

La pérdida de la guerra y la retirada a Francia de los efectivos republicanos por centenares de miles supuso una nueva prueba en su experiencia vital.

En esos tres años comparte con Cándido Vidal, su pareja, una vida intensa que les lleva a Cataluña (Puigcerdá), donde éste es destinado como oficial a la comandancia militar de esa plaza. Virtudes Cuevas viviendo en Barcelona ya ve declinar la guerra.  Pasan la frontera después de la última gran batalla librada a orillas del Ebro y sabiendo que la suerte está echada cruzan la frontera.

El departamento francés de Pirineos Orientales está colmatado de personas. La administración francesa de Daladier, abre fronteras e interna a los españoles en los campos de refugiados,  separando los miembros de las familias, donde malviven todos en unas condiciones penosas.

Virtudes y los niños que le acompañan después de un breve periodo en un alberge cerca de la estación de Latour de Carol son enviados luego al interior de Francia, al Departamento de Loir y Cher, donde se asienta en la localidad de Romorantin. Son varios miles los niños y mujeres que se alojan en unas docenas de aldeas de ese departamento francés.

En esos momentos posteriores a su llegada, las autoridades francesas les obligan a trabajar, las mujeres que no se ocupan de los niños trabajan en las tareas agrícolas e industriales de la zona como mano de obra barata. Una vez conseguido que la reclamara una familia evacuada a Burdeos se asiente en esta ciudad del Atlántico.

El momento no era fácil porque vivían hacinados y faltaban todo tipo de recursos. Recoge comida de los mercados al principio para su sustento y finalmente entra a trabajar en un restaurante como limpiadora sustituyendo a otra española, lo que le garantiza un mínimo para vivir. Recibe en ese tiempo la noticia de la muerte de su padre por falta de atención médica, lo que supone un golpe importante para ella.

El inicio de la guerra conduce a Virtudes a alistarse en la resistencia francesa como enlace donde militaban numerosos republicanos españoles. La región de Burdeos atrae a muchos emigrantes y también a la policía política de Franco, interesada en detener a los más destacados.

El grupo al que pertenece está en contacto con Paris, con el mando que ejerce Henry Rol Tanguy, uno de los destacados dirigentes de las FFI francesas. Este dirigente había combatido ya la guerra civil española.

La pertenencia al grupo supone para ella viajar mucho porque recaen en ella labores de coordinación de los diversos grupos que se mueven en el Sur de Francia y su conexión con Paris. Recibe y ejecuta después otras misiones como la evacuación de pilotos británicos en suelo francés y su paso por la muga camino de Portugal o Gibraltar. En otras ocasiones, la encomienda fue transportar explosivos. En todas ellas, Virtudes, acreditó su actividad con gran sagacidad y precisión.

Una delación dentro del grupo permite a la milicia de Petaín detenerla en la estación de Burdeos el 9 de Noviembre de 1942. René Girét parece ser el hombre que revela la información.

Es sometida a torturas, que sufrió en silencio y sin delatar a sus compañeros. No obstante, la caída de militantes fue muy numerosa en la zona de Burdeos y “Las Landas”. Fue enviada a prisión y posteriormente entregada a la Gestapo. El 31 de Enero de 1944, la Gestapo la envía a Ravensbrúck, un destacamento de presas entre la que está Virtudes, lo que significaba la muerte para muchas de ellas. Pudo salir con vida a pesar de innumerables penalidades junto con otras deportadas como Neus Catalá que relata en sus memorias su destacada presencia.

Una vez liberada por las tropas americanas de sus amargas experiencias en Ravensbrúck y Zwodau, se encuentra ante la amarga situación física y psicológica de su presente y de un futuro incierto marcado por ser apátrida en Francia. Conoció que su anterior marido, Alberto Codina Labrador, fue enviado a Mauthausen de donde no salió.

Mientras medita su decisión conoce de nuevo a su segunda pareja en Paris, en el Hotel Lutetia,  que sería su segundo marido, Alberto, otro deportado, lo que eleva su moral. Ambos deciden compartir sus vidas y montar en Ivry un pequeño negocio artesanal para sobrevivir. Una tienda de dulces y turrones les permite a la pareja acomodar su vida hasta su muerte.

En las conmemoraciones que tienen lugar posteriormente a la liberación, el propio General De Gaulle la condecora con la Legión de Honor francesa. A partir de ese momento está presente en todas las conmemoraciones oficiales de la victoria de Francia y en aquellas otras en las que se celebran como referencia histórica la vida en los campos de concentración. Actualmente sus restos están en el cementerio de Sueca, en el mismo lugar donde se encuentran los restos del teniente Amado Granell, segundo jefe de de “La Nueve”, la compañía que liberó el Ayuntamiento de París el 24 de Agosto de 1944.

Virtudes Cuevas, alias Madame Carmen, donó después de morir su casa familiar en Sueca para que se crease en ella el “Museo del Antifranquismo” tarea pendiente de acometer por las autoridades locales.

Es incomprensible que la historia no haya sido justa con ella. Merece un lugar en el corazón de este país, y singularmente de sus paisanos de Sueca.

Este libro intenta restaurar su significado, lo que Primo Levi denominó deber de memoria. La autora, Amalia Rosado, ha realizado un encomiable labor de restauración histórica mediante la construcción de un texto sencillo, bien documentado y con testimonios gráficos.

                                                                                                                                               Pedro Liébana Collado

 

 

 

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