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Nota de prensa del Grup de Seglars i Rectors del Dissabte a raíz de las recientes declaraciones del Nuncio vaticano Renzo Fratini


Las declaraciones del Nuncio del Vaticano en España sobre la exhumación de los restos mortales de Franco de El Valle de los Caídos, ha causado estupor en amplios sectores de la opinión pública e indignación en las comunidades cristianas comprometidas por la paz y la reconciliación, dada su parcialidad e inexactitud histórica, la deslegitimación que representan de un acuerdo democrático del Parlamento español y la absoluta insensibilidad evangélica que manifiestan.

La historiografía moderna más seria y acreditada no duda en identificar la figura de Francisco Franco como dictador al frente de un Estado autoritario que provocó alrededor de 200.000 muertes e innumerables desgarros familiares, encarcelamientos y exilios de personas que defendían el Gobierno legítimo. Es escandalosa la existencia de un mausoleo utilizado para exaltar al responsable de tal barbarie, denominada con razón “el holocausto español”. Como es también escandaloso que los restos mortales del victimario permanezcan enterrados junto con los de sus víctimas (muchos de ellos reclamados por familiares de diferentes generaciones durante más
de 80 años).

La Ley 52/2007, conocida como Ley de Memoria Histórica, es un imperativo legal que ordena la retirada de símbolos franquistas y establece medidas para la localización de los cadáveres de las personas represaliadas facilitando, así, que sus familiares puedan despedirse. La aprobación del Real Decreto-ley 10/2018, que conlleva la obligación de exhumar los restos de Franco, cumple un deber moral y político. No se trata de “resucitar a Franco”, como afirma el Nuncio, sino de saldar una deuda. Ningún acuerdo puede legitimar su exaltación y ningún pacto puede imponer el olvido.

Lejos de responder a la “ideología que quiere dividir a los españoles”, esta decisión democrática del Parlamento establece el cierre del último mausoleo de un dictador en los países democráticos europeos. Con la exhumación de Franco no se abre heridas (aún no han sido cerradas), sino que se da pasos necesarios para la reconciliación. No se puede honrar directa ni indirectamente a la persona ni el lugar de destino de quien ha sido el responsable de tanto sufrimiento, enfrentamiento y división.

Tal como sostiene el Concilio Vaticano II (y contra lo que hacen el Nuncio y también, continuamente, los monjes de El Valle de los Caídos), no hay razón para inmiscuirse en la autonomía de los poderes legislativo y ejecutivo de un país.

Las declaraciones del Nuncio se alejan claramente del espíritu evangélico y del deseo del papa Francisco de caminar hacia una Iglesia-hospital de campaña. Desde la perspectiva evangélica que nos define urgimos a toda la ciudadanía a contribuir a recuperar la memoria histórica sanando las heridas, a fomentar la reconciliación y a favorecer actitudes y discursos que potencien la misericordia, la paz y el perdón.

València, julio de 2019
Grup de Seglars i Rectors del Dissabte

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