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Teoría de la resignación

Tengo un amigo que se ha comprado un apartamento en el Mal Menor.
Le pregunté por qué no se lo había comprado, o alquilado, con vistas al bien. Y me contestó que el bien no existe. Por eso es mejor elegir, de todos los males, el Mal Menor, y quedarse a vivir ahí. Eso es resignación, le reproché. Llámale como quieras, añadió, pero evita sufrimientos, decepciones, desilusiones, desencantos. No hay desencanto, concluyó, si antes no te has dejado encantar con cantos de sirena.
Mira, le dije, existe el mal, el mal menor (que es donde te has instalado), pero también existe el bien menor y el bien, incluso el bien mayor. Solo tienes que elegir el domicilio donde quieras estar.
El mal menor, los daños colaterales, las mentiras piadosas, los secretos de estado, los fondos reservados, los costes indirectos, los efectos secundarios, todos son familiares de la resignación y del miedo. Y hacen posible que nada cambie.
Es el mercado, amigo, dijo aquel político. Se refería al mal menor que supone este sistema; unos ganan y otros pierden. Pero luego supimos que ni era el mercado, ni era nuestro amigo. Ni siquiera era un político.
El mal menor solo es una puerta abierta al mal mayor. Y la resignación el puente necesario para entrar.
Rafael Rivera
  1. VICENTE PALANCA Says:

    Rafa, totalmente de acuerdo contigo. No se puede decir más con menos palabras.
    Y lo peor es que parece que nos acostumbramos al mal menor y mientras ¡que me dejen vivir!. Lo malo es que para muchas personas y familias el mal menor ya se ha convertido en MAL MAYOOOOOR

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