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Vivir y transformar la ciudad | Fundación Hugo Zárate

II FORO FUNDACIÓN HUGO ZÁRATE

VIVIR Y TRANSFORMAR LA CIUDAD

VÍDEOS DEL FORO

II FORO VIVIR Y TRANSFORMAR LA CIUDAD

Tomás Rodríguez Villasante

Del tercer sector al tercer sistema. Los nuevos valores que estamos construyendo los/as ciudadanos/as

TOMÁS RODRÍGUEZ VILLASANTE LICENCIADO EN CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIOLOGÍA

El primer asunto es preguntarnos si la gente quiere participar, y en todo caso en qué cosas y para qué fines. Pues las personas se han vuelto muy selectivas, y hasta desconfiadas con razón, ante las promesas huecas de participación, tanto respecto de las asociaciones como de la administración. ¿Qué significa el tercer sector en este contexto? ¿Quizás un esfuerzo voluntarista de algunos bienintencionados? ¿Quizás un complemento interesado/barato para la administración en la época de la crísis del “estado del bienestar”? ¿O tal vez una alternativa a todo esto, y con qué sentido?

En primer lugar hay que señalar que hablar de tercer sector le quita alguna ambigüedad a conceptos como “sociedad civil” y otros, que pueden esconder todo tipo de conveniencias ideológicas, por ejemplo “todos contra el estado”. Al marcar un tercer referente se quiere distinguir que no se es “estado” (ONGs por ejemplo) y que no se es “mercado” (No Lucrativas por ejemplo). Y aunque sea en negativo respecto a los dos polos tradicionales del debate púbico-privado, ya se está afirmando otro campo, lo social, que responde a otros valores y motivaciones, aunque esto sea muchas veces un deseo más que una realidad.

¿Tercer sector o tercer sistema?

En primer lugar hay que señalar que hablar de tercer sector le quita alguna ambigüedad a conceptos como “sociedad civil” y otros, que pueden esconder todo tipo de conveniencias ideológicas, por ejemplo “todos contra el estado”. Al marcar un tercer referente se quiere distinguir que no se es “estado” (ONGs por ejemplo) y que no se es “mercado” (No Lucrativas por ejemplo). Y aunque sea en negativo respecto a los dos polos tradicionales del debate púbico-privado, ya se está afirmando otro campo, lo social, que responde a otros valores y motivaciones, aunque esto sea muchas veces un deseo más que una realidad.

Pero “tercer sector” mantiene tambien sus propias incongruencias, pues al tiempo parece estar reforzando el papel de los otros dos polos a los que les reconoce su primacia. Se parte del eje estado-mercado entre dos sectores en pugna secular. Pero hay otro eje que podemos señalar: la aparición de un sector social (localmente) frente a la globalización, es decir, frente a la convergencia de lo supra-estatal con las grandes transnacionales. El 3er. sector no es algo enfrentado al estado o al mercado de por si, pero hoy podemos decir que está enfrentado al “estado + mercado” de la globalización. El reto es saber caracterizar bien este tipo de relaciones y cuales pueden ser sus potencialidades.

Si el “3er sector” toma conciencia de si mismo solo como una serie de asociaciones que vienen a rellenar y complementar las deficiencias de los otros sectores, los huecos que dejan, será siempre dependiente de las otras lógicas, no acabará de construir la suya propia. Mark Nerfin (1988) proponia ya hace años hablar de un “tercer sistema”, con sus valores propios, como aquel “tercer estado” que en la revolución francesa provocó una verdadera transformación social. Entonces ¿de qué características diferenciales estamos hablando?

He retomado este concepto de tercer sistema (Villasante, 1995) porque sirve al tiempo para distinguirse de los dos anteriores (ni un sistema estatalista, ni un sistema mercantilista, aunque no sea antagónico con ciertos tipos de lo público y de lo privado); y sobre todo porque pone de manifiesto que frente al sistema vigente de globalización es posible “otro sistema” como tal, con sus propias articulaciones, y no solo otro sector como una parte complementaria.

Un tercer sistema de valores puede y debe actuar como motor autónomo, como referente, para un nuevo proceso civilizador, en el que debemos entrar. Las motivaciones que nos guian a muchos es que no queremos ser “mercaderes”, pues nos encontramos más a gusto viviendo de nuestro trabajo y nuestra creatividad; y que tampoco queremos ser “príncipes” por lo que esto supone de compromisos, burocracias, etc. y porque preferimos dinamizar la sociedad desde las iniciativas de base creativas y plurales. No negamos que haya personas que quieran estar en el mercado o en el estado, pero siempre que sea con suficiente transparecia y control para evitar las acunulaciones, los monopolios, las burocracias, los tecnocratismos, etc.

Como estos riesgos son más que evidentes, y con la globalización se han convertido en el centro mundial de la economia, de la política y de lo social, es preciso desde las asociaciones del 3er. sector ir a la construción de un tercer sistema de valores antagónicos con la “burbuja especulativo-financiera” (Naredo, 1996), con los “cinco monopolios” mundiales (S. Amin, 1992), con la “ilusión” informativa (Chomsky, 1992) de los multimedia que uniformizan las noticias y las culturas de todo el planeta. Los valores del un tercer sistema estan ya en las asociaciones del tercer sector, al menos como declaración de principios, pero su dificultad está ponerlos en práctica en un mundo globalizado que se reproduce en sentido contrario.

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Problemas y oportunidades para las asociaciones

La estructura social aparece fragmentada no solo en cuanto a fracciones de la clase social, sino tambien por generaciones (Petras, 1996), y esto tiene importantes repercusiones en toda la sociedad, y tambien en el tercer sector. Hay una serie de movimientos de tipo defensivo, corporativos, que solo atienden a aspectos muy elementales e inmediatos, ante el temor a perder el poco “estado del bienestar” que les queda. Otros en cambio van con las modas actuales del marketing, del voluntariado, de la construcción social según las tendencias que salen en los medios de comunicación. Ni unos ni otros son movimientos que atenten contra el sistema, aunque tambien existan otros movimientos que desbordan la situación establecida.

Lo más chocante es que ninguno de estos movimientos se plantea centralmente el problema del paro. Encontramos movimientos de cierta radicalidad contra la “mili”, de “okupas”, o ecologistas, y en muchos casos protagonizados por jóvenes que sufren el problema del trabajo/empleo. Incluso aparecen anti-movimientos contra los inmigrantes, racistas o fascistas, que tambien situan los síntomas de esta sociedad fuera de aquel estado ideal de progreso. Ni los sindicatos, ni las asociaciones, parece que fuesen capaces de organizarse para poner en marcha alternativas al problema número uno según las opinión general.

Posiblemente aún tenemos mucha confusión sobre la nueva situación creada con la globalización y con los nuevos valores que van surgiendo entre los jóvenes. Pero el tercer sector para hacerse tercer sistema tiene que enfrentar este asunto de frente. Hay mucha más gente en el mundo, y en cada ciudad en concreto, que la necesaria para producir con las nuevas tecnologias. No resulta lógico pensar en la “sociedad de pleno empleo”, más bien habrá que pasar a la de “plena actividad” (J. Robin, 1992), o mejor aún a la de plenas iniciativas. Efectivamente antes de nada debemos clarificar qué significa trabajo, que es diferente de empleo, diferente de actividad, y diferente de iniciativa.

Algunas empresas ya estan trabajando en varios turnos para rentabilizar mejor sus inversiones de capital, de tal forma que los empleados son más, aunque con menos tiempo de trabajo, y tambien menos salario cada uno. Muchas mujeres estan trabajando en casa pero no son empleadas. Quien hace actividades voluntarias se resiste a llamarlas trabajo, e incluso con los que tienen iniciativas creativas y artísticas tambien tendriamos dificultades de conceptualización. Además la mayor productividad no parece depender de un mayor trabajo, sino de mejor innovación, capacitación, iniciativas, etc. Los conceptos estan cambiando.

El tercer sector según J.Rifkin (1996) en EEUU constitye ya una nueva “fuerza social”, tanto en número de asociaciones, como en millones de dólares que mueve, como en empleo incluso. Tanto el excedente monetario, como el de tiempo liberado del trabajo, son elementos que vienen a reforzar la importancia del tercer sector. Asi “…lo que es nuevo ahora es la implicación de grupos hasta ahora apolíticos: de servicios, religiosos, educacionales, artísticos” nos dice este autor. Se estan creando plataformas locales unitarias (sindicatos, mujeres, ecologistas, culturales, etc.) donde lazos comunitarios estan surgiendo con nuevos criterios, con nuevos valores civilizatorios.

“La reducción del salario directo mercantil generada por la reducción del tiempo de trabajo convencional, se salvaria con un segundo ingreso compensatorio financiado por la via de impuestos sobre el uso de la maquinaria, el incremento de la productividad, el uso de recursos naturales no renovables o la imposición indirecta sobre los consumos más ostentosos” (L.E.Alonso,L.Pérez, 1996) Es decir un segundo cheque que impulse un nuevo tipo de actividades,…”adaptar nuestros estilos de vida, públicos y privados, a nuestro grado de desarrollo tecnológico desde un punto de vista más convivecial. No nos podemos arriesgar a tener paro para muchos por no atrevernos a tener ocio para todos”.

El ocio actual consumista esta muy alentado por todo tipo de medios, pero el segundo cheque (administrado públicamente por el tercer sector) puede ser incentivador de otro ocio civilizador alternativo. El trabajo, y menos aún el asalariado, no tiene porque ser el eje de nuestras vidas en estos tiempos. Habrá que pensar en articulaciones de actividades/iniciativas, y trabajos/empleos que se piensen desde otras categorias económicas más sociales, más ecológicas, más civilizatorias. El tercer sector entonces no puede ser solo un cajón de sastre a donde tirar todo lo que no quiere el estado o el mercado, sobre todo el “estado + mercado”, sino precisamente su alternativa.

Junto al paro la otra gran preocupación es la violencia y marginalidad que se concentra en nuestras ciudades. Tanta es la importancia que se le da a esta cuestión que no hacen sino crecer el número de policias, de cárceles, y de encarcelados, pues no solo el buen nombre de ciudades sino incluso las inversiones, en unos barrios u otros, dependen de su “seguridad”. Facilmente se entiende que con buena parte de las inversiones en seguridad represiva y similares se podria organizar más coherentemente un tercer sector comunitario. Asi se dinamizaria una mejor via de iniciativas sociales y culturales, capaces no solo de prevenir la delincuencia, sino de hacer más creativo y atrativo el buen nombre de nuestros lugares de residencia.

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Preguntas y sinérgias antagónicas

Estas oportunidades que se abren para el tercer sector no son consecuencias automáticas de la nueva situación de globalización económica, tecnológica e informática. Más bien se trata de que el “estado + mercado” se sirve de un tercer sector dependiente y complementario que le resuelve una serie de aspectos no funcionales a la lógica dominante. Un conjunto de prácticas y valores alternativos, como un sistema civilizatorio diferenciado en construcción, es algo con lo que confronta este sistema. Las oportunidades hay que construirlas, antagónicamente, contra los procesos de globalización, que se resisten a los nuevos sistemas de valores, y que defienden el propio como el único posible.

Se habla de la crisis de este capitalismo reconvertido; una crisis que puede venir por el colapso de los desechos que va generando su propia existencia: la inutilidad de la mano de obra, la falta de consumidores o los recursos limitados del planeta. Pero en realidad, la crisis está en el modelo político y cultural, en la crítica al sistema económico actual. Ya no hay acuerdo entre la política y la economía; ya no hay pacto social entendido como Estado de Bienestar o Estado de Justicia; ya no importan los derechos ni tampoco los ciudadanos.

Lo que pasa es que el antagonismo no consiste en proclamar unos principios alternativos, sino que es tambien una construcción social compleja, en la que no basta con hacer declaraciones para que la gente se apunte. Lo habitual es que la mayoria de los conceptos (sociedad civil, tercer sector, desarrollo sostenible, etc.) sean usados continuamente de forma confusa, precisamente para que el sistema vigente pueda integrar todo tipo de iniciativas que pudieran convertirse en antagónicas. Y por la misma razón desde las iniciativas del tercer sector debemos preguntarnos a dónde nos llevan determinadas prácticas y algunos conceptos, según su uso en cada caso concreto.

La historia no esta predeterminada, hay que construirla según unas oportunidades que se nos presentan y que hay que conocer. Saber hacernos las preguntas clave sobre las prácticas y sobre los sentidos de lo que hacemos nos permitirá avanzar hacia las soluciones de fondo, hacia una civilización más justa, o hacia la legitimación y refuerzo de la actual. Hablando del tercer sector, la sociedad del bienestar, el desarrollo sostenible, etc. podemos estar reforzando los desequilibrios del actual sistema, aunque lo hagamos con muy buena voluntad de cambio. De hecho muchos políticos y banqueros, defensores de lo existente, utilizan estos conceptos en sus discursos sin mayores problemas.

En concreto hay tres temas/preguntas que vienen permitiendo descubrir algunas trampas del sistema actual. La primera pregunta es sobre los bloques sociales en la llamada sociedad de los “dos tercios”. ¿Se trata de una actividad de los dos tercios superiores para integrar al marginado, o se trata de una iniciativa de los dos bloques populares para disputarle los privilegios al bloque que domina? ¿De que lado se coloca el bloque intermedio (los trabajadores asalariados fijos)?: ¿en la integración y la asistencia a los marginados, para que acepten la sociedad que estructuralmente les produce, o en la construcción de alternativas populares que cuestionen las formas de dominación, que recorten los privilegios y el consumismo de la globalización?

Las políticas de vivienda, en alquiler o propiedad; de transporte público o privado; de participación social o de seguridad; no son evaluables solo por sus resultados “técnicos” (número de alojados, tráfico, delitos, etc.) sino tambien por la auto-educación que generan en la formación de bloques sociales. Unas reivindicaciones/políticas fomentan reproducir la sociedad de los “dos tercios” actual (aún con reivindicaciones justas para algún grupo corporativo), otras apuntan a formar bloques sociales que pueden iniciar alternativas transformadoras.

La segunda pregunta/tema es sobre las dinámicas internas de los procesos puestos en marcha. Es tambien una pregunta sobre los actores sociales que intervienen, pero esta vez no desde su posición de clase, sino de qué tipos de redes y de conjuntos de acción generan, y en los que se ven involucrados. ¿Los grupos implicados estan en rivalidades culturales, ideológicas, etc. o han creado un ambiente de colaboración horizontal? ¿Las relaciones con los sectores informales de jóvenes, mujeres, trabajadores, pensionistas, minorias, etc. son fluidas y de confianza, o más bien distantes y/o utilitarias? ¿O simplemente no nos hacemos estas preguntas, ni concretamos en cada sector específico? ¿Y con las autoridades, qué tipo de relaciones se mantiene?

No solo las relaciones externas de cada grupo, sino tambien las relaciones internas en cada asociación o colectivo, de tipo autoritario o de tipo creativo son muy importantes para entender cual es la sinérgia de un proceso. Se ha puesto de moda hablar de sinérgia, pero mucho menos de cuales son sus condiciones para que se de un conjunto de acción u otro (Villasante, 1995). Hay sinérgia cuando las relaciones horizontales entre grupos, técnicos, dirigentes, etc. son fluidas, y cuando las relaciones con los sectores informales son de confianza, y esta sinérgia se hace creativa y se amplia. Pero tambien hay sinérgias negativas cuando un conjunto de acción populista o gestionista reproduce relaciones de clientelismos habituales o nuevos.

La tercera pregunta tiene que ver con el habitat/habitar en donde nos movemos. ¿Cómo encaja el modelo abstracto y universal de progreso con las condiciones locales, si es que aún creemos que exista tal modelo generalizable? ¿Cómo es posible aprovechar las sinérgias no solo de las personas y grupos, sino tambien de los recursos del ecosistema local para la mejor calidad de vida posible en cada cultura? ¿Qué es calidad de vida en cada caso concreto, y cómo podemos precisarla para nuestro habitar, en espacios y tiempos adecuados? En un mundo tan globalizado no se vive mejor donde hay más PIB, sino donde se pueden adecuar mejor los recursos con las necesidades concretas de cada grupo social.

El intento de un modelo uniforme y productivista para todas las sociedades no es viable. Por un lado con solo algunos paises consumiendo altas cotas de energia y recursos ya el planeta sufre una gran crisis ecológica, por lo que si se generalizase tal consumo la degradación llegaria a cotas insostenibles. Por otro lado con tal uniformismo de la producción y los modos de vida se perderian muchas formas culturales y sociales, mucha diversidad, que precisamente es lo que enriquece la creatividad humana. El tercer sector esta precisamente basado en la capacidad de nuevas y diferentes iniciativas locales que vienen a ser alternativas a un mundo uniformizado por algunos medios de comunicación.

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Respuestas práxicas y estilos constructivos

No hay un modelo único sino construcciones económicas y sociales concretas, frente al proceso de globalización dominante. Por ejemplo, lo que algunos (Coraggio, 1991) han llamado Economia Popular, y que responde a la primera pregunta. Suelen situarlo en ciudades o comarcas donde la colaboración entre Cooperativas, Asociaciones, Universidad, ONGs, Ayuntamientos, e incluso algún pequeño capital local, llegan a constituir redes sinérgicas de cierta importancia. Estos ejemplos en Latinoamérica se mueven en ámbitos locales (entre cientos de miles de habitantes y algunos millones) y siempre a contracorriente de los poderes establecidos, aunque aprovechando sus fisuras y contradicciones.

La segunda pregunta se aborda más adelante con amplitud. A la tercera pregunta se suele contestar con el concepto “desarrollo sotenible”, que sigue siendo muy ambiguo. Mejor que desarrollo es reequilibrio, porque en el fondo de lo que se trata no es de crecer o decrecer globalmente, sino precisar en qué sectores de la economia cabe avanzar (tecnologias blandas), y en cuales reconvertirse (las duras). Lo sustentable (social) parece tambien más interesate que lo sostenible (técnico), porque no se puede imponer algo que no entienda la población actual por más justo que sea. Un concepto como “reequilibrio sustentable” trata de precisar esto (Villasante, 1995).

La pregunta por la relaciones de las redes locales y por las sinérgias que pueden generar, nos conduce a un ámbito del tercer sector/sistema que no es de objetivos finales. Con un mismo programa las cosas se pueden hacer con estilo autoritario o con estilo participativo. La cuestión de la democracia está precisamente en los estilos y praxis de la gestión cotidiana, no tanto en un mero control externo de las gestiones. Está bien que cada tantos años se elijan Parlamentos y Plenos municipales, sobre todo para evitar dictaduras, pero la democracia tiene que llegar a la gestión cotidiana para ser sinérgica con los objetivos que se plantea el tercer sistema.

Se habla de democracia participativa pero no se concreta en dónde y en qué se nota que exista. Son muy escasos los municipios que pueden poner algún ejemplo en esta dirección. ¿Dónde hay un plan comunitario en que la gente esté participando, o dónde una investigación participativa para gestionar con la población? De la misma forma que si no vemos el rito de las urnas y los votos decimos que no hay democracia, tambien si no hay ritos concretos de participación, gente en procesos asamblearios, decimos que no hay participación. No sirve que se haya hecho un Reglamento, o que se declaren buenas intenciones de la administración, que la gente no comprende. Si la gente no participa no es su culpa.

Si la gente no participa es porque no le convence el estilo, y le atraen más otras cosas que tienen un estilo más creible. El problema es para la administración o un tercer sector que no goza de la confianza práctica que deberian justificar sus actividades. Siempre es posible la justificación de que nos han votado muchos, pero tambien es cierto que los políticos estan en una credibilidad muy baja, por debajo de otros estamentos. ¿No será que se cree en la democracia pero no en estos estilos políticos, y que por eso no se participa en las cosas públicas?

La praxis de lo cotidiano es lo único que puede devolver la confianza a los ciudadanos. Si en vez de ver a las Asociaciones en rivalidades por programas o subvenciones, y hablando como los políticos, se las viese en Plataformas conjuntas, con formas más populares que burocráticas, etc. la gente pensaria de otra manera del tercer sector. Porque tampoco en el tercer sector abundan ejemplos de estilos práxicos y participativos. ¿Estamos más en federaciones de nuestro gremio, o en plataformas por algún tema concreto que le interese a los sectores populares? ¿Estamos haciendo investigación participante, o seguimos como siempre?

El test de cuantos jóvenes y mujeres estan en la directiva es uno de los que no falla para saber por dónde suele ir el estilo para conectar con la población. Y por aqui es por dónde hay que empezar a replantearse la situación. Si queremos justificar que somos un tercer sector fundamental para la sociedad y que nuestra tarea es muy importante, y que por lo mismo seguimos haciendo nuestra maravillosa tarea hasta que nos entienda la gente y la administración, no creo que estemos en el camino acertado. Si nos planteamos que algo debemos estar haciendo mal, porque ni hay participación suficiente ni las cosas se estan transformando hacia otro sistema de valores, entonces es posible que adoptemos un estilo más práxico y constructivo.


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