XV FORO GRUPO DE TRABAJO Nº 1

ANA SANTOS HERRERO

Adicción y salud. Sus repercusiones globales.

ANA SANTOS HERRERO COORDINADORA

Iniciamos el trabajo en nuestro grupo realizando una pequeña presentación de los componentes del mismo. El grupo era bastante heterogéneo en relación con la edad, con representación mayoritaria femenina. Aproximadamente un tercio de los componentes eran jóvenes, de edades comprendidas entre 20 y 25 años. Lo que se resaltó como positivo y muy enriquecedor dado el tema a tratar.

Abordar el tema de las adicciones y la salud es amplio y complejo. Previo al inicio del debate, se consideró pertinente la clarificación de determinados conceptos clave cuando nos adentramos en el mundo de las drogas.

La Real Academia Española define adicción como “el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a algunos juegos”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define las drogas como: “todas las sustancias que pueden producir en el organismo vivo un estado de dependencia física o psíquica o de ambos tipos. Esta droga puede ser utilizada con finalidades médicas o no médicas, sin producir necesariamente tal estado”.

Se consideró pertinente señalar las diferencias entre uso, abuso y dependencia, tanto física como psíquica. Hablamos de “uso” cuando no se detectan consecuencias inmediatas en la persona ni en su entorno; “abuso” cuando sí se producen consecuencias negativas para la persona y su entorno. Hay que ser prudentes a la hora de diferenciar entre uso y abuso pues su límite es muy difuso; no sólo depende de la frecuencia o cantidad de la sustancia consumida, también hay que tener en cuenta la idiosincrasia de la persona, así como otros condicionantes ambientales.

Respecto a la “dependencia”, en el campo de la salud y, más en concreto, en el campo de la salud mental, el Manual Estadístico y Diagnóstico de las Enfermedades Mentales, en su versión 4ª revisada, dice que “la característica esencial de la dependencia de sustancias consiste en un grupo de síntomas cognoscitivos (pensamiento), de comportamiento (conducta) y fisiológicos (biología) que indican que el individuo continúa consumiendo la sustancia, a pesar de la aparición de problemas significativos relacionados con ella. Existe un patrón de repetida autoadministración que a menudo lleva a la tolerancia (disminución de los efectos de una sustancia tras la administración repetida de la misma, lo que lleva a aumentar las dosis y/o reducir los intervalos entre las mismas para mantener el mismo efecto), la abstinencia (serie de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos que tiene lugar tras una brusca disminución o interrupción de la sustancia, en las personas que dependen de ella) y a la ingestión compulsiva de la sustancia”. En una adicción, también pueden existir otros síntomas no esenciales como la negación, la ocultación y/o minimización del problema, el sentimiento de culpa, la disminución de la autoestima, el riesgo de recaída o de reinstauración de la adicción.

Se coincidió en resaltar que las adicciones en el pasado no eran iguales a las adicciones actuales. Ahora hay una mayor disponibilidad y comercialización de las mismas; unido a un cambio social donde prima la búsqueda del placer inmediato y el individualismo. Según estudios de la OMS, las tendencias actuales reflejan un aumento general de uso de las drogas ilegales y de alcohol, así como un inquietante incremento del uso de drogas entre los sectores más jóvenes de la población.

Hoy en día cuando hablamos de adicciones, automáticamente pensamos en el consumo de drogas; pero, actualmente, existe adicción a “no sustancias” como es el ejemplo de la tanorexia (adicción al bronceado), o la adicción a la cirugía cosmética, la ludopatía o la tecnofilia (adicción a las nuevas tecnologías) por citar algunas. En el campo de la salud mental, existen los llamados comportamientos adictivos, respecto a los cuales no hay consenso. La única adicción psicológica con criterios diagnósticos claros es el “juego patológico” que está incluido dentro de los trastornos del control de impulsos, el resto, sigue siendo una controversia y un reto para la salud pública. Pero, sí podemos afirmar que los comportamientos adictivos se caracterizan porque existe un objeto de deseo (sea sustancia o no sustancia), una obsesión por el mismo, con una pérdida de control del pensamiento, sentimiento y conducta con consecuencias negativas para la persona. En esencia, cualquier conducta placentera podría ser susceptible de convertirse en hábito y, según las circunstancias, en dependencia.

Si bien es cierto que, hoy por hoy, no hay fármacos que protejan el cerebro de las drogodependencias, ni de los comportamientos adictivos, hay un incremento en la investigación genética de las adicciones, en un intento de conocer mejor su fisiopatología y encontrar medidas terapéuticas más efectivas y eficaces.

Las adicciones son un problema de salud importante que repercute negativamente en la persona. Nos referimos a persona desde una concepción holística, teniendo en cuenta su dimensión biológica, psicológica, social y, como se comentó en el grupo, espiritual. Tanto en la prevención, como en la etiología y tratamiento de las adicciones,

hay que tener en cuenta una serie de factores importantes: factores socioculturales como son los condiciones de vida difíciles, o la presión de grupo de iguales; factores familiares, como un sistema familiar disfuncional; factores conductuales, como la imitación, la curiosidad o el uso del consumo de sustancias como respuesta a situaciones de estrés interna o externa que la persona no puede afrontar de otra manera; factores psicológicos, como determinados tipos de personalidad, baja autoestima, inseguridad personal y, finalmente, los factores biológicos, como la genética de la persona.

Tras las reflexiones, que propiciaron un rico debate, a modo de conclusiones destacar:

  • La importancia de la prevención, como estrategia principal para abordar las adicciones. Un abordaje preventivo desde diferentes ámbitos: personal, familiar y social.
  • La necesidad de contar con los jóvenes en la prevención, ya que es la población más vulnerable.
  • La necesidad de la transmisión de valores dentro del seno familiar.
  • La importancia del enriquecimiento y, por tanto, del crecimiento personal.
  • La implantación de una educación que potencie la seguridad, la autonomía, la madurez y el saber decir NO. Educación no sólo centrada en los jóvenes, sino también en los adultos.
  • En el caso de que se sospeche consumo de drogas se debe dar la importancia justa, dialogar, creer lo que se ve, compartir la preocupación, confrontar y supervisar sin presionar; no juzgar, dramatizar, negar la evidencia, ocultar información, agobiar con reproches ni encubrir.
  • La pertinencia de conocer las causas que le llevan a una persona a la adicción para intervenir desde la raíz.
  • Tratamiento integral de la adicción, realizando un abordaje biológico, psicológico y socio-familiar que precisa de la intervención coordinada de diferentes profesionales, tanto sanitarios como no sanitarios.
  • Un tratamiento que comience con la desintoxicación, la supresión del consumo de la sustancia, reduciendo los síntomas desagradables de la abstinencia; seguida de la deshabituación, ayudando a dejar el hábito, enseñando cambios en el estilo de vida de la persona, centrada en la adquisición de una serie de recursos y capacidades para afrontar y superar la situación de dependencia. Y, finalmente, la reinserción, buscando el funcionamiento personal y de relación socio-familiar que le permita a la persona su plena reintegración.

Finalmente, quisiera manifestar, en el nombre del grupo y el mío propio, nuestro agradecimiento a la fundación, por propiciar encuentros, como este foro, que fomentan el crecimiento personal y social.